martes, 8 de marzo de 2011

Chile, país de eternos ganadores

Chile acaba de perder 4 a 1 frente a Estados Unidos en la Copa Davis. No es que me interese mucho el tenis. De hecho, no tengo la más mínima idea de ese deporte. Sin embargo, algunas declaraciones de la prensa no pueden dejarlo a uno indiferente, por el significado profundo que encierran.
Con orgullo Radio Bío Bío, que se jacta de ser una de las más independientes y críticas del país, celebró la derrota del equipo chileno, titulando su artículo, con evidente poética, "Cuando la cueca desafió al rock and roll".
"Chile no tiene nada que reprocharse", señaló. "Por el contrario, debe alegrarse. Hay equipo para pelear de igual a igual en el repechaje de septiembre la permanencia en el grupo mundial".
No menos notables que estas palabras fueron las del propio Nicolás Massú. Uno de nuestros tenistas estrella, que está en el lugar 263 de algún ranking, señaló, luego de perder: "No sé por qué esa negatividad. Se perdió, pero demostramos que podemos jugar de igual a igual ante un rival poderoso. Paul se entregó y yo también. Fueron mejores que nosotros y ahora esperamos seguir en el grupo mundial".
Dos cosas llaman la atención. Primero, el orgullo con que se enfrenta la derrota, incluso por quienes la sufrieron personalmente. Segundo, que también aquellos que se jactan de críticos la celebran y se conforman con haber competido.
No puedo dejar de recordar la frase que escuché a un tenista argentino hace años, en una situación similar. Debía enfrentar a Marcelo "chino" Ríos, quien en aquella época se ubicaba entre los primeros tenistas del mundo. Cuando agudamente un periodista chileno le preguntó si creía que tenía posibilidades de ganar, respondió: "¿y usted piensa que si yo no creyera que tengo posibilidades de ganar, vendría a jugar?"
Efectivamente el tenista argentino perdió, pero en ningún momento se retiró con aires de ganador. Si no como lo que era: alguien que había justamente perdido ante la superioridad innegable de un contendor.
Son varias las preguntas que surgen ¿Por qué a nosotros nos cuesta tanto aceptar que en éste, como en muchos otros casos, no estamos a la altura, e intentamos vestir de victoria la derrota? ¿Por qué insistir en que nuestro valor radica en nuestra capacidad de lucha y no de logro? ¿Será verdad lo que tantos han escrito acerca de que nuestro héroe máximo - Arturo Prat, cuyo barco fue hundido y él muerto por el enemigo - es quien mejor representa nuestra identidad nacional? ¿Cómo se condice esto con un país lleno de "winners"?
Pienso que lo que hacemos al emitir juicios como los transcritos no es más que crear un artilugio lingüístico para no reconocer que no estamos a la altura de ganar. Y que para no sentirnos humillados ante la derrota, le adjudicamos a ésta un valor superior. Algo así como sentirse orgullosos de haber tenido la oportunidad de perder.
En la "Casa del Deporte" de la Universidad de Concepción hay un mural - muy conocido y extendido - que dice "gana sin orgullo, pierde sin rencor". Estoy seguro que quien lo escribió, jamás se podría haber imaginado que hubiera sido posible aconsejar a un derrotado: "pierde sin orgullo".

1 comentario:

magdalenasaldan dijo...

Don Enriquín: gratamente sorprendida de cómo aprende a usar las TIC's, veo que ya pone hiper vínculos en sus textos, lo felicito! y bueno, sus reflexiones, ¿qué decir? tan agudas como siempre... qué gusto leerlo, francamente...

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