lunes, 8 de junio de 2009

Sobre Isapres, AFP's y otros demonios I

"Sistema de Capitalización individual" llaman los expertos en Isapres y AFP's al hecho de que cada quien cotiza de acuerdo a lo que gana y, a cambio, recibe lo que alcanza a pagar o ahorrar.
Esto que nos parece tan obvio y sencillo tiene importantes implicancias no sólo en la desigual calidad de la atención de salud o rentas recibidas, sino también en la forma en que nosotros comprendemos la sociedad y, en definitiva, a nosotros mismos.
No está demás recordar que este sistema también contribuye a consolidar la enorme desigualdad social que existe en Chile.
Muchos de los sistemas de salud y pensiones del mundo funcionan sobre dos principios solidarios muy elementales: i) quienes tienen más contribuyen a financiar una atención de salud digna de quienes tienen menos, y ii) las generaciones más jóvenes contribuyen a financiar pensiones dignas a las generaciones mayores. Solidaridad social y generacional.
Estos principios básicos de solidaridad permiten que los miembros de esas sociedades tiendan a sentirse como iguales o, al menos, como corresponsables del buen funcionamiento del todo y no sólo de sí mismos y sus más cercanos.
Visto así, el "sistema de capitalización individual" no es, como se piensa, una posibilidad más de acceder a salud y pensiones. Es también una forma de instalar en el centro de la sociedad mecanismos estructurales de segmentación social, a partir de las necesidades más elementales de los seres humanos.
Además, en los momentos de la existencia en que probablemente más se necesita una solidaridad social sólida y estable: en la enfermedad y en la vejez. Sobre todo si se es pobre.
Para cambiar el "modelo de capitalización individual" de Isapres y AFP's no basta con introducir un "pilar solidario". Requiere mucho más que apuntar a que los más pobres tengan acceso a una cama en alguna posta de salud o a una pensión mínima.
Cambiar el modelo significa transformar la manera de pensarnos y dejar de creer que para estar seguro en la enfermedad y en la vejez basta con que a uno le vaya bien. Es empezar a entender que para tener esa seguridad, es importante que también el vecino la tenga. Y que si en algún momento de la vida a alguien le va mal, tendrá de respaldo no la caridad circunstancial, sino la solidaridad permanente del resto de la sociedad.
En el fondo, es empezar a pensar cómo hacernos socialmente responsables de nuestro propio desarrollo.

3 comentarios:

makitamc dijo...

Me perturba la contradicción: un modelo basado en la "solidaridad social y generacional" que genera un sistema de "capitalización individual"... algo no me cuadra.

Merlinux dijo...

Transformar la manera de pensar parece ser la clave... mmmhmm ¿Pero cómo se hace eso a nivel masivo?

¿Con el arte tal vez?

Estamos demasiado acostumbrados a que lo que es un derecho se nos conceda como si fuera un acto de caridad.

Las nuevas generaciones no cuestionan estas cosas ya que para ellos es algo normal, siempre ha sido así.

Existe la infame creencia que pensar en estas cosas es meterse en un tema político estéril.

¿Como remecer estas conciencias dormidas y despertar la latente capacidad de cuestionar lo aparentemente obvio?

Pelantaro dijo...

Parece increíble y preocupante que ningún candidato, o al menos, aquéllos que se dicen de izquierda, no hayan abordado el tema de las aefepés e isapres. En Chile, la jubilación de las personas se juega día a día en el casino. Cuando el mercado anda bien, algo reditúa para el cotizante y éste podrá jubilar con mejores perspectivas. Pero si el año antes de hacerlo hay una crisis, verá como el 20% o más de sus ahorros previsionales se evaporan. Por supuesto, los dueños de las Afp nunca pierden, aunque la cosa ande mal. En último caso, para eso están los enormes gastos de administración que cobran. No se puede dejar entregada la jubilación de chilenos a un sistema pensado para financiar obras de desarrollo que, si bien indirectamente o por la vía del “chorreo” pueden beneficiarlos, en los hechos sólo favorece a unos pocos.

Las Isapres por su parte han implementado un sistema de seguros donde minimizan sus riesgos expulsando a todo aquél que pudiere ser más costoso o riesgoso de la media. Negocio redondo, mientras el beneficiario permanece sano lo atienden y cuando envejece que se haga cargo de él el vilipendiado sistema estatal de salud.

Creo, que precisamente, repensar el sistema de un modo solidario, como plantea el Dr. Fernández, es la única solución para alcanzar un modelo que como sociedad nos comprometa a todos con temas tan relevantes como los analizados. Maquillajes como el que se está implementando en el sistema previsional, si bien beneficia a ciertos grupos más vulnerables, no modifica en absoluto un sistema que es en su esencia egoísta, inequitativo y sujeto al siempre inestable vaivén del santo mercado.

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