lunes, 18 de enero de 2010

El gran fracaso de la derecha chilena

Contrariamente a lo que indican los resultados obtenidos ayer domingo en las urnas, la llegada de la derecha a la presidencia de la república representa para ella la coronación de su fracaso.
Lo es por muchas razones, pero la principal tiene que ver con que para llegar a la Moneda tuvo que travestirse de demócrata y liberal.
Para ello usó argumentos tan falaces como que era la primera vez en cincuenta años que estaba en condiciones de alcanzar nuevamente al poder (la última vez había sido en el 1958 con Jorge Alessandri). En la argumentación se le olvidó, sin embargo, una palabra importante: “democráticamente”.
¿O acaso no gobernó 17 años junto a Pinochet?
A diferencia de lo que sucedió con la izquierda en estas últimas décadas, la derecha no fue capaz de renovarse y abandonar tres rasgos de su forma de ser histórica.
Primero, no pudo dejar de ser autoritaria. Y esto no tiene que ver sólo con la estrecha relación que tuvo con la dictadura de Pinochet o con las prácticas antidemocráticas con que uno de sus principales partidos (la UDI) elige o más bien nombra a sus dirigentes, sino con su pretensión de hegemonía valórica. Desde una supuesta superioridad moral ella busca permanentemente dictarles a los/as chilenos/as lo que es bueno y malo para su vida personal.
Tampoco pudo dejar de ser populista. El mejor ejemplo es que el candidato Piñera se paseó por Chile prometiendo un millón de nuevos empleos, bonos en dinero y otra infinidad de beneficios para sus votantes.
De igual modo, tampoco ha podido dejar de representar principalmente los intereses de sectores específicos de la sociedad chilena. En este país, quiéranlo o no, la derecha se identifica con la clase alta y con el gran empresariado. Esto no significa que la derecha no tenga votantes en el pueblo. Al contrario, significa precisamente eso: que en las clases bajas hay sólo votantes. La gran política la hace en los barrios altos, en las haciendas y en los exclusivos balnearios de Chile. (El mejor ejemplo es el propio Piñera, que a un día de la elección es 1% más rico gracias al alza de las acciones de Lan).
La derecha tuvo veinte años para renovarse y convertirse en una derecha distinta, liberal, democrática. Pero se los farreó.
Aparentemente Piñera tiene claro esto, pero también sabía que sólo podía llegar a ser Presidente con su anuencia. Por su parte, ella debió ceder ante el poder de su dinero.
Que haya llegado a la presidencia dista mucho de constituir un cambio en el habitus de la derecha chilena. Y eso Piñera también lo sabe. Tan claro lo tiene, que desde el primer momento tuvo que declarar que hará un gobierno de unidad nacional, como si se hubiera desatado una grave crisis política. Lo hizo porque la derecha intuye que no tiene legitimidad para gobernar sola. Aunque eso signifique recurrir a la farsa de nombrar ministros a representantes de distintas corrientes políticas, incluidos posiblemente ex colaboradores de Allende.
En el fondo esto demuestra que la derecha chilena sabe que está bajo sospecha, no sólo al interior del país.
Por todo esto su victoria electoral es un gran fracaso para ella y en cierto modo para todos nosotros, porque tuvo 20 años para transformarse en una derecha moderna y no lo logró o no estaba interesada en ello.

4 comentarios:

Pelantaro dijo...

no estoy de acuerdo con la teoría del fracaso
la política busca esencialmente el ejercicio del poder y la derecha lo ha obtenido
y en política travestirse vale
en su oportunidad, algunos pensaron que la (feble) izquierda socialista chilena se había travestido de capitalista y mercantilista para llegar al poder evitando los fantasmas de una izquierda de los sesenta/setenta que cuestionaba el derecho de propiedad. Pero ocurre los travestis no están simplemente disfrazados. Son.

makitamc dijo...

Estuve en Chile y voté por Frei (no sé si esto viene al caso), la cuestión es que me dolió muchísimo el resultado de la elección. No tengo más argumento que ese para este comentario, estoy triste, muy triste, y preocupada por mi patria. Sólo por eso me alegré de tu post... me cuesta creer que la derecha no ha ganado, pero leerte hizo que la noticia fuera menos dolorosa. Gracias.

[E] dijo...

Piñera en su discurso del 17/01710 recordó "cuando recuperamos la democracia" (lo que debe representar a toda la derecha...) y le pidió consejo a Bachalet, para continuar su obra (parece que el candidato de la concertación era otro y yo me equivoqué...).
El lunes después de haber estado escondido Cana 13 invita al Negro Piñera (lo que me recuerda los años '80 en que había que tragarse al mismo, a Patricia Maldonado Ginette Acevedo, a Gloria Simonetti, a Los Huasos Quincheros, y ahora...).
Entre el lunes y martes las acciones de Axxion que controla Lan subieron un 52%, por lo que la Bolsa (institución muy progresista) tuvo que suspender las transacciones (de paso alguien se ganó un billetito por ser elegido presidente).
Ya suenan los ministros: candidatos que perdieron su elección, los que participaron en la dictadura y “cuoteándose” los cupos con la Udi (tres promesas incumplidas antes de asumir).
Allamand que era de los centrados de la derecha se enfrento en el Congreso con Andrés Velasco, con insultos que le recordaban al ministro su familia (a Velasco que es sobrio y moderado).
La Udi y RN habían llegado a un acuerdo con el PRI y los diputados radicales para repartirse la presidencia de la Cámara de Diputados, en el que ni siquiera los radicales asumían la presidencia en algún momento (el Partido Radical vetó el acuerdo, pero…).
Ya viene la nueva forma de gobernar.
Mientras el tema central de los medios de comunicación es la crisis de la Concertación (la que existe). Creo que la crisis* es generalizada, ofreciéndonos la oportunidad de análisis y evolución del sistema político, económico y social. Lo anterior siempre que los poderes fácticos, hoy también formales, secundados por la estupidez (no olvidemos este punto), impongan su cosmovisión.

[E]

*crisis, del griego separar o decidir

Anónimo dijo...

De acuerdo y lo será en lo sucesivo mientras la componga un partido y parte del otro que parecen sacados de la Edad Media. A ello se añaden las promesas que uso Piñera para llegar al poder, no sólo incumplidas, sino que el ejercicio de aquel ha dejado en evidencia el retroceso que vivimos, y ni hablar del aumento notorio de la delincuencia que muy sorono prometió erradicar.

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