Mostrando entradas con la etiqueta Cultura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cultura. Mostrar todas las entradas

lunes, 29 de febrero de 2016

Humor es cuando...


Por Omar Saavedra Santis

     Entre mis muchas malas costumbres está la de hojear los diarios por la mañana. (Hojear, es un decir, pero aún no me atrevo a decir “navegar”, no me sale bien). Es así como me he enterado que en Chile aún hay humor. Me lo aseguran con severo rigor la docta academia y el foro político, así como decenas de serias declaraciones y apostillas de especialistas en el asunto, que en estos días de canícula refrescan las páginas titulares de los periódicos con reflexiones, a favor o en contra, sobre el renacimiento de nuestro humor, que muchos daban por extinto para siempre jamás. Todo esto, con ocasión de las ovacionadas presentaciones de humoristas en un reciente festival de verano en algún lugar cuyo nombre no quiero etc. En su significación más elemental pareciera ser que humor consiste en hacer reir o algo parecido. O sea, algo digno de todo elogio en estos tiempos y en estas comarcas. En pos de tan filantrópico propósito se afanan gentes que se llaman a sí mismas humoristas. Empeño tan generoso me llevó a recordar, no sé por qué, un suceso que yo creía haber olvidado.
     Ocurrió por ahí el 81 u 82 en Rostock, una pequeña ciudad hanseática en la orilla occidental del Mar Báltico. Desde 1899 hay allí un bellísimo parque zoológico, donde en verano explotan magnificentes y por doquier macizos de adelfas, rododendros, hortensias, rosaledas. Pero sin duda uno de sus mayores atractivos es el Darwineum, un área de 20.000 mts², que alberga poco más de 80 especies animales. Corazón del Darwineum es el Hall Tropical. Allí se albergan familias de gorilas de tierras bajas, lémures de Madagascar, monitos tití de la Amazonía y chimpancés de Borneo. Entre estos últimos se encontraba “Gorgo”, un adulto de edad media. “Gorgo” era por lejos el favorito del público y también el más divertido. Quizá porque era el único de su familia capaz de hacer bromas con sus humanos espectadores, hacerlos reir, reírse con ellos y aplaudirse. Su número, en todo sentido fuerte, que lo hizo famoso era cagar en su mano y arrojar de pronto los excrementos a los mirones despistados. Cuando ello ocurría, todos se mataban de risa, salvo algunos -no todos- de los que recibían la descarga de mierda. “Gorgo” no lo hacía por casualidad, sino muy consciente del gran efecto y afecto que su ingenio provocaba entre sus admiradores que lo aplaudían cada vez que algún distraído no leía el cartelito pegado a la jaula que advertía benévolo: “Vorsicht: Affen werfen mit Kot!” (“¡Cuidado: monos arrojan heces!”).  Lo más gracioso era, repito, que “Gorgo” agradecía con aplausos a los que lo aplaudían y -en contra de las ordenanzas- le arrojaban propinas de maníes o plátanos.
     Esta graciosa rutina de “Gorgo” duró hasta que la dirección del jardín zoológico, obedeciendo acaso órdenes de algún quejón con influencias, decidió poner un vidrio entre la jaula de “Gorgo” y su público. El número de sus espectadores se redujo brutalmente. La consecuencia más imprevisible e indeseada de tal medida, fue que “Gorgo” comenzó a languidecer, decaer y enflaquecer, al punto que el veterinario jefe del zoo pronosticó que tal cuadro depresivo tendría un desenlace fatal.
     Sin embargo, el talento innato de “Gorgo” lo llevó a crear otro número con el que volvió a conquistar y reencantar a su público: comenzó masturbarse en el centro de la jaula mirando con fijeza a una y a otro de los que volvieron a agradecer con aplausos y carcajadas su irresistible vis cómica.
     Yo creía haber olvidado al bueno de “Gorgo”, quien, confío e imagino, acaso todavía vive. Pero, como dije al comienzo, hojeando los diarios deste verano volví a recordarlo a él y a su grande y desinteresada humanidad.

lunes, 17 de junio de 2013

Antonio Varas responde a Pablo Longueira


Por Omar Saavedra Santis

            
“Lamento que ante la Cámara se hayan pronunciado las palabras de exclusión al estranjero que se acaban de oir, tanto más cuando por el curso en que va la humanidad, todos los países del mundo han de venir algún día no lejano a ser los miembros de una gran familia i en que la palabra Estranjero ha de ser borrada de la fraternidad universal. Siento que haya vertido un sujeto ilustrado como el señor diputado esas palabras de mezquindad contra el estranjero que sólo se oyen actualmente entre los pueblos salvajes. Se dice que los estranjeros desdeñan, desprecian el hacerse ciudadanos de Chile, porque conservan constantemente el ánimo de volver a su patria. ¿Cuál es el hombre, ¡qué digo! cuál es el chileno que por mucho tiempo que resida lejos de su patria, deje de suspirar por volver a ella aunque se halle disfrutando de una fortuna envidiable en el país que le da hospitalidad? ¿I por qué exijiremos del estranjero industrioso que viene a ayudarnos i enseñarnos, que renuncie enteramente a su propia patria, cuando nunca el chileno sería capaz de hacer lo mismo? ¿Acaso porque no abandona nunca el estranjero la esperanza de volver al país de sus más caras afecciones, deja de tener vínculos con su patria adoptiva i de desearle toda prosperidad? ¿I por qué exijirle tanto, señor? ¿No hace ya lo bastante el estranjero con traernos su industria, su intelijencia, su laboriosidad, a los cuales debemos no pocos bienes? Sepamos tener más reconocimiento, hacer más justicia a los estranjeros, seamos ilustrados para no tener hacia el estranjero esa prevención de espíritus atrasados que los repulsa. 

¡Pero decir que justamente en la mayor capacidad del estranjero está el mal!
No creo que estas palabras que se acaban de oir sean el eco del país, sino el eco aislado del señor diputado. 

Protesto, señor, contra ese espíritu de malevolencia contra el estranjero, ese espíritu estrecho i malentendido de nacionalidad, contra el cual protesta también la civilización, que procura hacer de la humanidad una sola familia.”

                                                                         *** 

(El anterior fue el discurso de Antonio Varas, pronunciado en 1855 en la Cámara de Diputados en contra de un diputado que exigía mayores restricciones y prohibiciones a los ciudadanos extranjeros residentes en Chile. Publicada por Vicente Pérez Rosales en “La Época”, el 6 de junio de 1886.)

domingo, 26 de mayo de 2013

Chile no está preparado....

Tal vez una de las ideas que más ha dominado en el imaginario político chileno tiene que ver con lo escrito por Diego Portales hace ya 190 años, en su conocida carta de a José Cea.
En parte de ella dice, a propósito del avance de los procesos de independencia en América Latina:
"La Democracia, que tanto pregonan los ilusos, es un absurdo en los países como los americanos, llenos de vicios y donde los ciudadanos carecen de toda virtud, como es necesario para establecer una verdadera República. La Monarquía no es tampoco el ideal americano: salimos de una terrible para volver a otra y ¿qué ganamos? La República es el sistema que hay que adoptar; ¿pero sabe cómo yo la entiendo para estos países? Un Gobierno fuerte, centralizador, cuyos hombres sean verdaderos modelos de virtud y patriotismo, y así enderezar a los ciudadanos por el camino del orden y de las virtudes. Cuando se hayan moralizado, venga el Gobierno completamente liberal, libre y lleno de ideales, donde tengan parte todos los ciudadanos. Esto es lo que yo pienso y todo hombre de mediano criterio pensará igual".
Esta idea ha permeado en gran medida hasta hoy la comprensión de la sociedad y de la práctica política en Chile. Sobre todo, la comprensión que las elites tienen de ambas.
Es también esta idea la que ha justificado que sean unos pocos los que gobiernen y que se hayan generado mecanismos estructurales para mantener dicha situación. En el siglo XIX y parte del XX fue el voto censitario, actualmente es el sistema binominal.
Recuerdo haber escuchado en más de una ocasión a grandes agricultores preguntarse por qué el voto de ellos, que poseían muchos bienes y cultura, debía valer lo mismo que el de un roto que sólo acarreaba consigo sus vicios.
En otras palabras, la construcción de esta idea excluye de ella, naturalmente, a las elites que gobiernan y dominan la actividad económica y cultural. Son ellos quienes deben ejercer, en palabras de Portales, el gobierno fuerte y centralizador, que lleve a los "ciudadanos" por el camino del orden y las virtudes.
Aunque parezca lejana la carta de Portales, concebir al pueblo como incapaz o como no preparado ha sido una idea central al momento de justificar una práctica política no igualitaria. Es el mismo argumento que se usa incluso para diferenciar entre el socialismo europeo y el chileno, y deslegitimar este último: los europeos sí comprenden el sentido verdadero del socialismo, los chilenos en cambio no son mucho más que una montonera a la caza de la riqueza ajena. Demás está decir que en este contexto una asamblea constituyente es algo impensable y, sobre todo, inaceptable.
Uno podría pensar, entonces, siguiendo el argumento, que la mayoría de la población no está preparada culturalmente para otro tipo de gobierno y de forma de vida, y que, por lo mismo, debemos mantenerla a raya, a fin de que no destruya lo construido.
Lo que las elites no aprecian es que, visto desde lejos, el argumento también las engloba a ellas. Y si se dan cuenta, no les interesa.
Basten sólo algunos ejemplos: la elite chilena no está preparada para enfrentar una reforma tributaria que tienda a hacer más igualitario el ingreso, como sucede en muchos países del mundo desarrollado. Tampoco lo está para generar sistemas de educación, salud y pensiones más justos, como también sucede en otras partes. Mucho menos está en condiciones de realizar un apoyo masivo a la cultura, como también ocurre con frecuencia en otras latitudes. Ni hablar del respecto por el medio ambiente.
Para ser menos rebuscados en mostrar la falta de "virtud" de nuestras élites, tal vez baste con mencionar la destrucción del patrimonio arquitectónico histórico del centro de las ciudades chilenas, con el fin de construir edificios de departamentos.
Porque tendremos que coincidir en que no somos sus habitantes quienes los hemos construido, incluso - si es necesario - violando las propias ordenanzas municipales.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Prontuarios y Claveles

El martes recién pasado se presentó la novela del escritor porteño Omar Saavedra Santis, "Prontuarios y Claveles" (Simplemente Editores, 2011).
La presentación estuvo a cargo del Premio Nacional de Literatura, el escritor José Miguel Varas, y del profesor de literatura chilena contemporánea de la Universidad de Chile, Cristian Montes.
"Prontuarios y Claveles" es un novela que, a juicio de quienes la conocen, merece ser leída, no sólo por su calidad literaria, sino también por su gran aporte a pensar Chile.

*Fotos gentileza de Margaret Snook