lunes, 2 de agosto de 2010

De la "huelga de los tranvías" al Transantiago*

El día 29 de abril de 1888 se congregó en la Alameda de Santiago una gran multitud de personas para protestar por el alza del pasaje de los tranvías. La concentración era la segunda que convocaba el Partido Demócrata.
La primera se había realizado un par de semanas antes: el 8 del mismo mes.
La razón era el aumento del precio del pasaje de segunda clase, de dos centavos y medio a tres. El argumento de la compañía privada que administraba el servicio de transporte público era la escasez de la moneda de dos centavos y medio, lo que hacía difícil el cobro.
El resultado de la primera concentración fue una conversación del directorio del partido con el Intendente y una carta a los representantes de la empresa, propiedad de las familias Matte, Edwards y otras igualmente adineradas. La respuesta fue tajante: el pasaje no sólo subiría medio centavo, sino que dentro de pronto volvería a subir.
En la segunda concentración, motivada por esta negativa, los ánimos fueron distintos. Luego de escuchar a los oradores, un grupo de personas abordó un tranvía, obligó al chofer a desenganchar los caballos y luego volcaron el carro. Pronto otros grupos comenzaran a hacer lo mismo e incluso los incendiaron.
La policía y algunas unidades del ejército tuvieron serios problemas para contener a la multitud. Los resultados de la concentración y de la molestia popular eran elocuentes: 17 carros incendiados, otros 17 parcialmente destruidos, numerosas garitas destrozadas y 22 caballos desaparecidos. A ello hay que agregar decenas de heridos.
Ésta es considerada una de las primeras huelgas obreras masivas, de las muchas que se extendieron por Chile durante los siglos XIX y XX.
Para entender este movimiento hay, al menos, dos claves: por una parte, la voluntad de la poblada para salir a la calle, insubordinada, a arriesgar la vida por algo que consideraban justo. Por otra, un partido político que hizo de esta reivindicación algo más que un eslogan.
En ninguno de los casos hay parangón con lo que sucede hoy en Chile con el Transantiago. Desde marzo éste ha subido su tarifa mensualmente: 10 pesos en marzo, 20 en abril, 20 más en mayo en algunas comunas de Santiago, 20 en junio y otros 20 en julio. De ese modo, el metro de Santiago, con una tarifa superior a un dólar por viaje, se convirtió en el más caro de Sudamérica junto con el de Brasilia.
Lo más increíble es que no hay reclamos mayores. Ni por parte de la población, ni mucho menos de los políticos. No existe un sólo partido que haya manifestado de modo tajante su desacuerdo con lo que sucede y que va en desmedro de los más pobres.
Terminaremos, absurdamente, agradeciéndole a las encuestas el que no existan más aumentos de precios: la última encuesta CEP determinó que uno de los factores que afecta la popularidad del Presidente son las alzas del Transantiago. Ahora los sesudos estrategas del segundo piso de la Moneda trabajan en un "diseño" que las evite, pero no para alivianarle la vida a los más pobres, sino para no seguir perjudicando la ya escuálida popularidad de su jefe.
Los demás guardan un cauteloso y cómplice silencio.

*Parte importante de la narración histórica fue extraída del libro de Sergio Grez: De la "Regeneración del Pueblo" a la Huelga General. Santiago: Dibam-Ril-Centro Barros Arana, 1997.

viernes, 30 de julio de 2010

No nos importa cuánto gane, nos importa que se endeude…

Por Magdalena Saldaña

Como vivo en San Carlos la mayor parte de la semana, tengo limitado acceso a internet. Cuando necesito revisar mi mail y bajar algunos artículos de la web (o sea, siempre) voy al cyber de la esquina, que me cobra 100 pesos los 10 minutos. Cuando la situación es apremiante y necesito conectarme a eso de las 11 pm, me cuelgo a la línea del teléfono fijo, lo que es carísimo y siempre es objeto de reclamos por parte mía ante los dudosos cálculos de la empresa telefónica para cobrarme esos furtivos minutos.

Así que un buen día decidí terminar con esto de la incomunicación y probar suerte con la llamada “internet móvil”, un dispositivo parecido a un pendrive que permite conectar el pc en cualquier lugar que tenga señal. Me dirigí a Movistar en Concepción con la idea de contratar un plan mensual ilimitado (o sea, si le vamos a poner, pongámosle weno, como dice mi tata), pero me encontré con barreras no consideradas por mí previamente. Resulta que como no soy clienta de Movistar, me exigen acreditar renta para asegurarse de que podré pagar el dichoso plan todos los meses; sin embargo, la renta no se acredita con la renta (plop) sino con la capacidad de endeudamiento del sujeto. Sujeta, en mi caso. Sucede que por cuestión de principios, yo no tengo tarjeta de crédito de ningún tipo. No uso CMR, no tengo Visa, nunca saqué la chequera electrónica, no he aceptado las tarjetas que me ofrecen Hites y Ripley, y no acudí a validar la tarjeta que Cruz Verde me mandó a la casa (lo que me pareció bastante invasivo, a decir verdad). Mi consigna es que si tengo, compro. Si no, será para el otro mes. Y mi sueldo me alcanza lo más bien para pagar el aparatito de la internet móvil, pero quién lo diría, a ellos no les importa. Me doy cuenta de que no les interesa cuánto gano, les interesa que me endeude, y si no me endeudo, no sirvo como cliente. Suena bastante ilógico desde el punto de vista de la economía básica que le enseñaban a uno en la escuela, pero bueno, los tiempos han cambiado y la economía también, y ahora resulta que no importa que uno presente el carnet de identidad y la colilla de pago; no! Ahora hay que presentar el estado de cuenta de Falabella, porque resulta ser una identificación más válida que la que entrega el Registro Civil.

No importó cuánto le argumentara a la niña con traje de azafata y maquillaje de programa Prime; ella, implacable, me explicó que eran las políticas de la empresa y que si no tenía tarjeta del banco o de grandes tiendas, no había cómo saber mi comportamiento como cliente. Le señalé que no tener esas tarjetas y no estar en Dicom hablaba bastante bien de mí como cliente, pero ella parecía estar como programada para responder, y ciertamente, la lata que yo le estaba dando no estaba entre sus FAQ. Al final me fui, enfadada y echando pericos porque de nuevo me quedé sin web en la casa, pero sobretodo porque no me dejan ser feliz con mi decisión de no deberle un peso a nadie. Así que sigo así por la vida, como una NN moderna con capacidad de pago y poder adquisitivo, pero sin poder de endeudamiento y por ende, UN NADIE, como diría Galeano…

lunes, 12 de julio de 2010

Los no ideológicos

Hace unos días atrás, un intendente regional llamó a un amigo para invitarlo a participar en una comisión que creará con vistas a las celebraciones del Bicentenario.
Cuando mi amigo, claramente concertacionista, le expresó algunas dudas, la respuesta de la autoridad fue tajante: "hombre, no seas ideológico".
Con ello le quería decir que no debía tener consideraciones políticas para integrarse a trabajar "por el bien del país", bajo la bandera del nuevo gobierno. Como si diera lo mismo para quien se trabaja.
Es curioso como se ha dado vuelta la historia. Hasta hace unas décadas atrás se habría acusado a la gente de derecha de ser "ideologizada" o estar "alienada", mientras que la izquierda se hubiera arrogado la interpretación verdadera de la realidad. Hoy es exactamente al revés.
Esto plantea una pregunta que no puede ser respondida en este blog, pero que al menos puede ser enunciada: ¿que diferencia hoy al pensamiento de izquierda del de derecha en Chile?
Hay varios puntos que se podrían considerar. Primero, que la derecha cree en el individuo por sobre la sociedad. Es decir, quienes hacen la historia son las personas individualmente y no la sociedad. Ésta no es mucho más que un conjunto de relaciones entre privados. Por lo mismo, tampoco el Estado aparece como algo muy relevante. Éste es más bien un ente que debe entrometerse lo menos posible en las relaciones individuales, ya que los privados siempre resolverán mejor los temas que el aparato público con sus atávicas inclinaciones regulatorias.
En segundo lugar se puede mencionar que la derecha piensa que la competencia, por sobre la colaboración, es el motor de la historia. Esto es lo que la lleva a suponer que si se introduce este mecanismo en todos los ámbitos de la vida social (empresas, hospitales, escuelas, etc.) todo funcionará mejor y de manera más eficiente. Mientras que la colaboración como vehículo de intereses aparece como poco motivador e ineficiente.
Unido a ello se encuentra la idea de que todo ámbito de la vida social puede ser objeto de lucro. Es decir, se puede organizar de manera empresarial y obtener con ello ganancias para los inversionistas, ya se trate de una frutería o de una sala cuna.
Por último se podría señalar que la derecha, al igual que la izquierda, cree en la meritocracia. Es decir, en que los sujetos deben llegar a ocupar espacios sociales por sus propios méritos. Sin embargo, la derecha no considera que las condiciones de inicio para que se dé una competencia meritocrática deben ser igualadas. Es decir, aunque no es lo mismo competir por un lugar en la sociedad siendo pobre que siendo rico, la derecha no piensa que sea necesario igualar las condiciones en que se da esa competencia (que es exactamente lo contrario que piensa cuando se trata de igualar las condiciones de competitividad de las empresas privadas con las estatales: en este caso sí es necesario equipararlas, a fin de que los privados no queden en desventaja).
En las líneas anteriores hay algunas ideas centrales de la ideología de la derecha chilena actual, que la diferencia de la izquierda en la forma como interpreta el presente y quiere construir el futuro.
En definitiva, no es como lo insinúa el señor intendente, que la derecha esté más cerca de la realidad y otras formas de pensamiento más lejos. Es simplemente que ésta ha logrado imponer una interpretación del momento actual y hacerla aparecer como natural, mientras todo lo demás aparece como ideología.

lunes, 5 de julio de 2010

¿Universalismo o particularismo? He ahí el dilema

Desde que el nuevo director de la División de Educación Superior anunciara hace dos domingos atrás una serie de reformas al sistema, el debate no ha cesado. Cada quien tiene sus razones para defender o criticar las propuestas.

Más allá de la forma como se hizo (que mantiene fiel el espíritu profundamente patronal de la derecha chilena, que no requiere de consejo, ni consulta), parece necesario contribuir con un par de ideas.

El eje de la discusión es el siguiente: ¿por qué el Estado debe privilegiar con financiamiento a un grupo de instituciones, si todas producen bienes públicos? Los más extremos preguntan incluso ¿por qué el Estado debe tener universidades si los privados pueden hacer lo mismo a mejor precio y con mayor eficiencia?

Brevemente para no aburrir.

Primero: una universidad estatal se diferencia de una privada, en primer lugar, en la propiedad. La primera no es, como se dice, del Estado, es de todos los chilenos y es administrada por el Estado. Las segundas son de grupos organizados que tienen libertad para hacer con sus instituciones lo que quieran, tanto en el ámbito de la administración, como en el de la enseñanza o investigación. Por lo mismo, en las primeras, las formas de tomar las decisiones, construir el gobierno, etc. tienen un carácter eminentemente democrático y no están expuestas a los intereses o veleidades de los dueños.

Segundo: si el Estado, o sea los chilenos, han decidido tener universidades de su propiedad (como sucede en la mayor parte del planeta), es razonable que concurra a su financiamiento en un volumen suficiente como para que éstas no desaparezcan o se desnaturalicen en una lucha insensata por recursos.

Tercero: la pregunta se podría invertir ¿por qué los contribuyentes chilenos deberían financiar universidades privadas cuyo objetivo central no es producir bienes públicos, sino también (o principalmente) lucro? Alguien podría decir que el lucro no existe, ya que está prohibido por ley. Pero a estas alturas afirmar esto es como tratar de tapar el sol con el dedo. El lucro existe y lo sabe la mayoría de la población. O ¿acaso los consorcios financieros nacionales e internacionales tienen universidades por caridad?

Cuarto: ¿basta con medir las organizaciones por lo que producen y entonces asumimos que todas las universidades generan bienes públicos? O ¿será necesario también preocuparse por cómo producen? Es decir, si las condiciones laborales de los profesores se condicen con los estándares de la profesión o si los contenidos son los que una formación científica exige. En otras palabras, también una universidad puede formar profesionales gracias al fomento de la precariedad laboral de los profesores y puede hacerlo desde contenidos ideológicos de grupos específicos. Es decir, eventualmente atentando contra valores centrales de lo público.

Por último, lo que diferencia una universidad estatal de cualquier otra, por noble que sea su origen y sus fines, es que ésta debe encarnar los valores sociales generales de la sociedad en que se encuentra inserta. Ese es el sentido de las organizaciones estatales. Mientras las restantes universidades tendrán todo el derecho a representar los valores sociales particulares de los grupos que las han creado.

La diferencia no es como se piensa, de tipo económico. No estamos frente a un tema de eficiencia o ineficiencia. Lo que está en discusión es el derecho de la ciudadanía a educarse en instituciones que tienden al universalismo y no al particularismo valórico.

lunes, 28 de junio de 2010

La competencia en educación es una locura de la derecha

El mostrador, 24 de junio de 2010

Por Jaime Retamal


Martin Carnoy, experto de Stanford de visita en Chile

La posibilidad de dejarse llevar por los prejuicios era alta. Invitado por la Pontificia Universidad Católica. Alojando en un hotel cinco estrellas del Barrio el Golf. Alumno de doctorado en economía de Milton Friedman, Schultz y Arnold Harberger en la mismísima Escuela de Chicago. Compañero de curso de Ernesto Fontaine, Sergio de Castro, Rolf Lüders y Carlos Massad en la época de formación de nuestros “Golden Chicago Boys”: economistas –al decir de ellos mismos- que han aplicado los sanos principios de la buena economía (aquella que responde a la naturaleza humana) en nuestro Chile desde que Pinochet fue Pinochet.

Sin embargo, la conversación que sostuvimos por más de una hora con Martín Carnoy, superó con creces cualquier prejuicio. No se trata precisamente de un “outsider”, un aparecido o un rebelde. Martín Carnoy es actualmente profesor de la Escuela de Educación de la Universidad de Standford. Ha trabajado en los organismos internacionales más importantes realizando estudios sobre la realidad educativa de diversos países. Actualmente está trabajando en Sudáfrica, tratando de descubrir factores relevantes para diagnosticar su nivel educacional. El año 2003 fue jefe del equipo de la OCDE que revisó y evaluó las políticas educativas en Chile, aunque -precisa- conoce a Chile desde hace tiempo: vino varias veces antes de la dictadura y varias después, nunca durante. Ha escrito innumerables papers, algunos de ellos –junto a Patrick McEwan- muy relevantes para comprender nuestra realidad educativa. Hoy está en Chile para presentar su último libro editado por el Fondo de Cultura Económica, titulado “La ventaja académica de Cuba ¿Por qué los estudiantes cubanos rinden más?”.

Humilde en su forma de ser y racional –apegado a las evidencias- en todos sus argumentos. En el lanzamiento de su libro, la sala Matte del Centro de Extensión de la UC no dio abasto. Martín Carnoy un verdadero rock star de los estudios de educación comparada. Un troyano en el sistema de mercado y de la productividad educacional. Un Chicago Boy verdadera y auténticamente díscolo.

La locura de la derecha

Nos dice rotundo, como rotundas son las evidencias, que allá o acá, en USA o en Chile, “¡la idea de crear competición entre escuelas es muy tonta!” Insiste en que “Chile es un chiste”, tan famoso en el mundo por tener un Estado ordenado y tan mal y despreocupadamente que gestiona la educación pública. Se lamenta de nuestra necedad para aplicar las correctas políticas de educación que harían cambiar el sistema. “Si Chile no hubiera cometido el error de crear el sistema de voucher en la época de la dictadura y en vez de ello se hubiese preocupado de la formación de buenos profesores, Chile hoy tendría la mejor educación del mundo”. El punto es que la ideología de la derecha es ciega al sentido común. Para Martín Carnoy el curriculum, la formación de profesores, la gestión de los directores no deben estar entregadas al mercado. Y no por comunismo o fascismo es que se debe de centralizar todos estos procesos, es simplemente porque la evidencia lo demuestra: “En Cuba está centralizado y en Finlandia también, y funciona muy bien en ambos países”. Lo central es el imperativo moral -insiste- de resguardar, para los niños, una educación de calidad. El resto es ideología.

Le preguntamos por los semáforos de Lavín, por los liceos de excelencia, por premiar a los mejores liceos en el SIMCE, por entregar toda la información a las familias para que decidan mejor, por la prueba INICIA. Se indigna. “Es como subvencionar al Real Madrid y al Barcelona. Para qué. Así siempre va a haber una liga primero, otra segunda y otra tercera; los demás no podrán nunca ascender, y además tendrán que jugar siempre con los que quedan, pues la liga premier se llevará siempre a los mejores profesores. Es un sistema que crea más exclusión. Van a crear simplemente más desigualdad. ¿Cómo puedes crear la competición sin un zero sume game? Simplemente el actual gobierno tiene una mala idea e insiste en esa mala idea. Los datos en todas partes del mundo muestran que todo lo que ellos hacen no es la solución: hay al menos 30 estudios que muestran que eso no es la solución, pero ideológicamente ellos no pueden hacer otra cosa, es lo mismo que hacen con la salud; la derecha simplemente no quiere admitir que un sistema privado no funciona. Chile, por más de 30 años, ha evitado la solución”.

Es categórico: “Todo el sistema escolar chileno es de baja calidad. Si tomamos las mejores escuelas chilenas y las comparamos con sus similares en el mundo, están simplemente en el promedio. Es como cuando alguien juega fútbol en su país sin ver por televisión otras ligas del mundo y cree que porque es el mejor en su medio local, podría tener el mismo rendimiento en otros países. El sistema privado no funciona para los más ricos tampoco y las cifras lo demuestran claramente… la idea de crear competición es una locura de la derecha”.

El “secreto” de la calidad

“La idea de crear instituciones de elite no es el secreto, si quieres mejorar la educación tienes que mejorar la formación de profesores y la formación de directores de escuelas: este es el secreto”. Una idea -un poco riéndose de Joaquín Lavín pues sabe que no lo hará y conoce de su idea como alcalde de Santiago de importar médicos cubanos- es la de importar de Cuba cinco mil profesores para enseñar a los profesores chilenos cómo enseñar, guiar, orientar, y discutir las didácticas y metodologías. “Si puedes simular a los buenos profesores, no importa como lo hagas, puedes crear o re-crear esas mismas condiciones acá en Chile.” Sin embargo, es muy escéptico: “Ni en el 2050 habrán hecho lo obvio para mejorar el sistema. ¿Por qué? Simplemente por ideología.”

Ciertamente la desigualdad de base social se replica en la escuela. Pero, la forma más fácil de cambiar esa desigualdad es por medidas financieras y fiscales. Es muy difícil cambiar esa desigualdad por medio de la escuela y las cifras –nos lo repite- son muy claras en este caso. Pero esta imposibilidad no tiene nada que ver con creer que no se puede mejorar la calidad y el rendimiento de los estudiantes.

El Estado Chileno debe mejorar la capacidad del sistema (sus profesores) y no significa que no haya buena capacidad, pero va a las mejores escuelas y todo el resto, la de regular y mala calidad, va al resto de las escuelas. Se debe mejorar la calidad de la capacidad de todo el sistema, en todos los niveles, “pero no es que los profesores chilenos sean tontos, no se les debe echar a ellos la culpa, la culpa es de las facultades pedagógicas que también están entregadas al sistema de libre mercado. En Chile el sistema no les enseña a los profesores –vuelve con la analogía fútbol, sea porque en su juventud fue entrenador, sea por el Mundial- a jugar bien”.

De algo si culpa socarronamente a los profesores en Chile. Los profesores cubanos que tienen la mejor formación de matemáticas en las universidades y que enseñan mejor matemáticas en las escuelas, usan lápiz y papel en la sala de clases. Hacen muchos ejercicios. Pero además, muy importante, discuten con los estudiantes los errores. “En Chile no se discute el error. En Cuba sí”.